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Oct 18

Las virtudes divulgativas de Warhammer 40000

No hay duda de que Warhammer 40000 es uno de los juegos más completos que se han creado nunca. Los más pequeños y jóvenes -aunque resulta obvio que gente de todas las edades se ha dejado alguna vez seducir por los encantos de Warhammer- se enfrentaban a un juego complejo, que requería más atención y cuidado que otros juegos de mesa más simples a priori.

Además, la temática ficcional del juego hacía las delicias de todos los amantes de aventuras, de fantasías y de historias originales y poco trilladas. Con Warhammer se podía soñar, pensar, crear, disfrutar y viajar al futuro de la mano de personajes que no dejaban de estar bajo el total dominio de los jugadores. Casi nada.

Otra de las virtudes de Warhammer es que no es un juego muerto. Los divertimentos más tradicionales de mesa, desde los más básicos hasta los que más hacen pensar –parchís, oca, damas, ajedrez, etcétera-, estaban limitados por el hecho de que sólo ofrecían un modo de juego, inamovible para siempre e invariable; esto a veces generaba el aburrimiento de los niños, por no hallar novedades y por sentirse en cada partida en una especie de repetición, de día de la marmota. Sin embargo, Warhammer, que en mayo llegó a su séptima edición, ha ido con los años, por medio de sus expansiones del juego, agregando nuevas reglas para la lucha urbana en su escenario, proponiendo nuevas vías para el asedio planetario, incluyendo variables para combatir a gran escala.

No hay que olvidar las virtudes divulgativas de Warhammer, capaz de acercar a los jóvenes jugadores a mecanismo y cálculos básicos de aritmética, a la estrategia más repasada y reflexiva de las jugadas, a la imaginación más fantasiosa… La implicación de los jugadores con Warhammer siempre solía empezar con el meticuloso cuidado de las miniaturas de soldados y criaturas, las cuales debían ser ensambladas y pintadas por el propio participante.